martes, 30 de abril de 2013

No todo lo que brilla es correcto, ni todo lo que huele feo es intolerancia

Desde hace algún tiempo estamos entrando a enfermarnos de corrección política.

Hace poco menos de un año, un grupo de defensores de los derechos de los animales increpó a una agencia de publicidad, por la aparición de un ave enjaulada en un spot comercial. La escena no llegaba a durar ni cinco segundos y -de hecho- su aparición refería al apodo de Carlos Gardel ("El zorzal criollo"). Quienes saben de aves, aseguran que ni siquiera era un zorzal, sinó que se trataba de otra especie "representando" a un zorzal. La agencia modificó el comercial y todos más tranquilos.

Un año antes, las redes sociales uruguayas estallaron con el video de un grupo de adolescentes (casi niños), maltratando y golpeando a una perra hasta matarla. El video era tremendo. Dejaba al desnudo la agresividad de la que es capáz un ser humano, y la forma "festiva" en que puede llevarse adelante semejante acto. Las reacciones en las redes sociales, no le fueron en zaga... Inmediatamente empezaron a bramar los políticamente correctos, pidiendo un castigo ejemplar, "equivalente al daño causado". Publicaron fotos de los agresores, acompañadas de sus datos personales y amenazas varias (algunas que realmente daban miedo).

El carnaval pasado, el tema de la discriminación sexual estuvo en el tapete, teniendo como protagonista a "Cucuzú" Brilka y su personaje "Gay man". Nuevamente las redes sociales fueron el amplificador elegido para condenar y pedir pena por tan reprobable acto. Muchos buscaron viejos videos de Brilka, de carnavales anteriores en los cuales (como siempre), el blanco favorito de sus chistes son los "borrachos", los "gallegos" y los "trolos".

Días más tarde, un grupo de referentes culturales grabó un spot publicitario, haciendo un llamado a la Real Academia Española (RAE) para que quite del diccionario la expresión "trabajar como negro". La iniciativa era plausible y de hecho unos cuántos nos sumamos a ella (adivinen a través de qué medio?... si, adivinaron: LAS REDES SOCIALES). El talón de Aquiles de la iniciativa, radicaba en la observación que hizo Enrique Ortega Salinas: la función del diccionario (y de la RAE), es incluir TODAS las expresiones y aclarar el carácter de las mismas (por ejemplo, decir si están en desuso, si son descalificadoras o discriminatorias, etc). Por otra parte, la campaña más que conseguir su objetivo, logró que muchos tomaran en broma a la misma y empezaran los chistes sobre qué término utilizar para referirse a los negros, etc.

Por supuesto que todo aquel que sienta herido su modo de vida o el de un ser allegado, tiene el derecho a emprender las acciones que entienda adecuadas para revertir tal situación, pero tratando de no perder de vista la noción de lo ridículo.

Habrá -como siempre- mucha gente que defienda el derecho de los animales a no ser maltratados o explotados, sin embargo, de ahí a casi pedir la cabeza de quienes cometen un acto de maltrato hay un abismo.

Respecto a los procesos creativos (en este caso los humorísticos), creo que no debe haber mayor límites que los del buen gusto, pero no empezar en una cruzada contra quienes hacen una parodia (buena o mala) que SIEMPRE se hizo. 

Hace poco, en una red social cometí el error de hacer un chiste con connotaciones raciales. Quienes me conocen bien, saben de sobra que no tengo prejuicio alguno. Saben -también- que el humor ácido es mi favorito. De todos modos, sigo creyendo que fue un error de mi parte. Alguien que supuse me conocía, se agravió por mi comentario y entendió que el mismo ofendía a sus mayores.

Y aunque no lo comparto, lo entiendo. Es todo parte de esta enfermedad social que padecemos. Es todo parte de la "Corrección política". Una enfermedad hipócrita y pacata, que nos hace "descubrir" lo evidente como si descifráramos una fórmula mágica que nadie antes pudo ver. Que nos hace indignarnos y horrorizarnos por algo que hasta no hace mucho celebrábamos. Y que también provoca ceguera selectiva ante hechos que deberían provocarnos pavor.

Mientras la mayoría de la población carnavalera estaba hablando del "desubicado" Walter "Cucuzú" Brilka y de la campaña para erradicar expresiones racistas del diccionario, agrupaciones como Bafo da Onça (con sus mulatas de fuego) o La Klínica del Klan (con la PKDoras), hacían un espectáculo absolutamente misógino, a cuyo lado "Las Primas" parecen Shakespeare, que deleitaba a los correctos políticos (sobre todo a los varones héterosexuales) y que no despertaba ninguna mirada reprobatoria.

Lo que no dicen los políticamente correctos, es que su indignación es absolutamente selectiva. Ahora condenan a quienes hagan humor pretendidamente homófobo o racista, porque es lo que indican los tiempos. Sin embargo miran para un costado ante la misoginia. Y no sólo eso. Festejan calurosamente el humor xenófobo (referido mayoritariamente a "gallegos", "judíos" y "porteños"), se regocijan con los comentarios que condenen a "los milicos" (porque además, mayoritariamente los correctos políticos son "zurdos"); y no piensan ni por un instante en que el alcoholismo es una enfermedad cuyo padecimiento es familiar, mientras se ríen a carcajadas de los "chistes de borracho" que hace el mísmo Walter Brilka que enjuician.

domingo, 12 de agosto de 2012

EL PRECIO DE LA FAMA

"Históricamente, las clases dominantes, poderosas o acomodadas han mostrado lo que hacen.  Pero esa exhibición tendía a ser modélica. Era el tesminio o el retrato de alguien que se sabía o se creía interesante, digno de ser descrito, pintado, novelado - y, finalmente, imitado. Ahora, la lógica de la democracia mediática es menos la de la clase a ser imitada que la del grupo o el individuo que se muestran o que cuentan su verdad chata -siempre honesta, siempre sincera, siempre sin sentido. Ya ni si quiera creo que exista algún personaje social que se entienda como algo interesante o digno de ser mostrado. la aldea global vive en una especie de micronarcisismo primario, totalmente asimbólico"

Sandino Nuñez (El miedo es el mensaje, Editorial Amuleto, 2008)

Desde hace un tiempo ya, vengo observando que hay algunos "sueños" crecientes que se van extendiendo entre las generaciones futuras. Quizás sea el paso del tiempo y -como decía Belchior- "seguimos siendo los mismos y vivimos como nuestros padres".
El caso es que cuando era un niño, el sueño frecuente ente los varones como yo, era ser crack de fútbol, bombero, policía, chofer o médico. Las niñas -en general- apostaban a ser excelentes amas de casa (cultura machista mediante, claro está), madres abnegadas, maestras, etc.
Hace un par de semanas, en función de la actividad sindical que he retomado, tuve la increíble experiencia de participar en una actividad con niños (familiares de los compañeros laborales), realizando actividades recreativas.
En un momento, intentamos con la otra persona responsables de los niños, incentivarlos para que exhibieran sus dotes creativas y artísticas.
Una niña, la más pequeña (de apenas 4 o 5 años), quiso bailar frente al resto (todos mayores que ella). Tal situación despertó un "juego de roles" entre el resto que me impresionó.
Los niños (el mayor tenía diez años), comenzaron a vociferar "yo soy Pachano", "yo soy Polino", "yo soy Peter", etc.
Un par de días más tarde, se nos ocurrió preguntarles uno por uno, qué soñaban ser cuando llegaran a grandes. La respuesta más repetida fue "quiero ser famoso"... A poco de indagar descubrimos que en su razonamiento, "ser famoso" no implicaba ser como Elton John, Paul Mc. Cartney, Mick Jagger o Nelson Mandela. La "fama" para estos niños implica algo más módico: salir en el programa de Tinelli o en alguno de sus programas aleatorios y autorreferenciales.
No es muy difícil darse cuenta que, si estos niños tienen como modelos a mujeres que se desnudan fácilmente, hombres que pasan a formar parte del paisaje mediático por su caudal económico (u otros por ser guardaespaldas de estos, casi sin neuronas), o personas que hacen poco menos de una causa social un sencillo salto cuasi sexual al que llaman "Koala" u otras que apenas pueden recordar una oración simple, finalizando en una muchachita sin mayores pretensiones que ignora que es objeto de burla, por pretender pronunciar en forma refinada la palabra "champagne" (repitiendo orgullosa algo así como "yeanpein");  esos niños están notando algo muy sencillo: "ser famoso, no es tán difícil".
Cómo pretender entonces que se esfuercen sus estudios, que se preocupen por disfrutar a su familia, que practiquen algo con el objetivo de ser cada día mejores?.
Ellos ven (porque sus adultos se lo permiten, con tal de verlos ellos) que cualquier idiota es capaz de volverse un referente. Lo dicho: NO PUEDE SER TAN DIFÍCIL SER FAMOSO.
Algunos descubrirán (como lo hizo uno) que la fama no es para todos, que -al igual que la gran mayoría- lo más probable es que fracasen.
La pregunta es ¿qué harán estos muchachos? ¿quién y cómo le explicarán que todo fue una fantasía?.
Y si se rebelan contra el sueño fomentado y no cumplido... Qué harán los adultos? Seguir culpándolos por todos los males, sin hacerse cargo de fomentar esta obsesión de "salir en la tele"?
Pedirán que se tomen medidas contra estos inadaptados a la realidad?
Quiero creer que estamos a tiempo, pero -a la vez- pienso: "a tiempo de qué?".
Todos quieren ser famosos, salir en "la tele", tener su cuarto de hora de fama. Nadie se cuestiona que si todos somos famosos, no habrá quién bata las palmas.
Pero vamos acercándonos, peligrosamente, al "vale todo". Con tal de salir en un programa que únicamente tiene "fama" en ambos extremos del Río de la Plata (ese es otro detalle: ya en Río Grande del Sur, es absolutamente nula la permeabilidad de esos productos), somos capaces de hacer como el periodista brasileño que -con tal de tener noticias que mostrar en la tele- salía a cometer crímenes.
Hoy, los delincuentes tienen decenas de repeticiones de sus crímenes en el medio masivo por excelencia, para vanagloriarse con sus pares, gracias a la "fama" que le dan los medios.
Horrible, macrabro, real... y aún puede empeorar



miércoles, 9 de mayo de 2012

42

Durante mucho tiempo hice las cosas del modo correcto, porque entendía que ese era el modo de hacer las cosas... y no me fue bien.
Luego empecé a hacer las cosas del modo diametralmente opuesto. Provoqué el asombro generalizado. Nadie suponía que -justo yo- rompiera "las reglas" aceptadas y respetadas por la enorme mayoría... Tampoco me fue bien.
Hoy llego a los 42. Me encontré hace poco con una mujer hermosa y maravillosa, que sabe hacer de las cosas simples una fiesta. .Sin sobresaltos y sin rutinas. Simplemente disfruta la magia y no se distrae en complicaciones. Empezamos a construir el "nosotros".
Ya no hago las cosas del modo correcto ni incorrecto... aprendí que tengo que hacer las cosas A MI MODO. Sin intentar agradar a nadie, ni asombrar a nadie.
Parece que finalmente estoy aprendiendo a disfrutar.



jueves, 9 de febrero de 2012

LLAMADAS

Dejan sus manos en un ritual
en una procesión llena de simbolismo
de sonido
de calor y color

dejan sus manos en una lonja
dibujando con la sangre
el arte rupestre de la entrega
la imagen del alma en un tamboril

dejan sus manos en una fiesta
que evoca al antepasado esclavo
que gritaba sin abrir su boca
golpe a golpe
su rebeldía
dejan sus manos en un tambor
para que el hipócrita que se queja del "ruido" todas las semanas
goce, baile y se jacte 
de esta fiesta popular y de su música

dejan sus manos en las llamadas
y el corazón entre la gente
para qué? por qué? 
porque lo sienten
porque el sentir no requiere palabras

sábado, 31 de diciembre de 2011

BALANCEANDOME V

Sube y baja.
Este año aprendí cuán monstruoso puede ser mi comportamiento en determinadas condiciones. Aprendí que hay cosas que las defiendo a capa y espada, sin importar nada más que lo que creo o siento.

Aprendí a valorizar más la solidaridad, y eso gracias a gente que me rodea y que seguramente ni siquiera imagina lo que me enseñó simplemente siendo ellos.

Aquella persona maravillosa que conocí en el 2010: Roxana, se fue hace trece días. Finalmente dejó de sufrir luego de ocho largos años de lucha denodada contra el cáncer, contra los mercaderes de la salud y contra los amanuenses de éstos: los burócratas. Se fue dejando un ejemplo único de dignidad. Luchando sin tiempo ni medida, pero lo más importante: SIN DEJAR DE SONREÍR AÚN EN LAS PEORES SITUACIONES. El proyecto que comencé con ella sigue en pie (se ha demorado producto de mi pereza y mi impericia).

De veras fue un año raro. Me terminó hartando. Estoy deseando que llegue el 2012.
Es raro que una convención lo condicione a uno, no? Será que me está entrando a afectar el tiempo... el tiempo que llevo en el mundo.

Quiero empezar de nuevo. No sé cómo ni de qué forma. Quizás del mismo modo, de la misma forma y con la misma gente... pero empezar de nuevo







jueves, 24 de noviembre de 2011

SUCESIÓN

Me está cansando esta sucesión de imágenes
como el fondo en los dibujos animados
donde el protagonista corre que te corre
y el panorama se repite y se repite

Me empieza a agotar
pasar por los mismos lugares
ver la misma secuencia
una vez sí, otra también

Quisiera de una vez
encontrar el horizonte que encontró Truman
y la escalerita y la puerta
para salir y sacarme

de esta rutina desquiciante

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LE DECÍAN "EL GATO"

Se llamaba Orcilio (nombre curioso por cierto), le decían "El Gato"
Tuvo cinco hijos, una esposa (que aunque ahora es su viuda, sigue sintiéndose su esposa).
Tuvo -seguramente- muchos sueños, unos cuántos planes y algunas locuras... pero prefirió dedicarse a vivir sencillamente.
Tuvo algunas novias (algunas incluso ilegales) un puñado de amigos y muchos vecinos que lo querían cabalmente.
Tenía un humor a prueba de pruebas, una mirada serena y determinada, unos cuántos dichos populares que salían a flor de labios y un pavor impresionante a los médicos (y a todo lo que ellos representaban).
Tuvo seguramente mucho miedo aquel día (hace hoy, exactamente 31 años) y quién sabe lo que pasó por su cabeza, cuando la muerte vino a buscarlo.
Tenía entonces un hijo niño, otro adolescente y los otros tres apenas terminando de ser adultos, que no se esperaban (como él no se esperaba) un desenlace tan implacable.
Tendría hoy 81 años, once nietos y seis bisnietos... y cientos de ocurrencias para regalarles.
Y yo tendría a mi padre, "el Gato" maravilloso que tanto amé y amo, sin el cual aprendí a vivir... y que ahora me entiendo, cuando me doy cuenta de lo difícil que es ser padre.
Salud Gato, gracias por los poquitos pero hermosos años que me regalaste.
Todavía te amo.

Mis seis años... a mi derecha "El Gato", a mi izquierda mi vieja