martes, 17 de junio de 2008

LOS HIJOS INFINITOS (Andrés Eloy Blanco)

En el post de los seis años de mi Sebita, recibí (además de comentarios hermosos) un presente de mi amiga blogger Olvido, que me dejó sin palabras, sin aliento.
Gracias amiga, un presente de este tipo, de parte de una madre como tú tiene un valor muy particular. Gracias infinitas...



Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga,
y al del coche que empuja la institutriz inglesa,
y al niño gringo que carga la criolla.
y al niño blanco que carga la negra,
y al niño indio que carga la india,
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena, y la plaza y el puente,
y el mercado y la iglesia,,
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el !ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas, y la misma enana
y el príncié de Francis y su princesa,
y el que tiene San Antonio en los brazos,
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos,
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos que con las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan;
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda;
los que el hombre de estado, que tiene un lindo niño,
quiere con dios adentro y las tripas afuera;
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima,
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga
toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos,
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas,
y ensangrantar las pelotas de goma,
y zambullir en llanto los ferrocarriles de cuerda.
cuando se tienen dos hijos,se tiene la alegría
y el !ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto,
a ver cuál será nuestra escogencia
si el modo de llorar de el universo
o el modo de alumbrar de las estrellas.







Gracias otra vez Olvido... gracias, gracias, gracias...

10 comentarios:

  1. Maravilloso lo escrito por Olvido!!!!

    Tu niñito hermoso!!!

    Sin palabras, los chicos nos frenan de nuestras locuras, nosotros por llevar el pan a casa aguantamos lo que venga. Por ellos nos callamos la boca con nuestras esposas y ellas nos dejan pasar montones de errores. Es el sentimiento de desprotección de ellos, el deseo que no sufran, que no se equivoquen como nosotros, un sinfin de cosas que hacen que nuestro corazón deje de lado el egoismo habitual y nos hagan conocer el amor puro.

    Un saludo; andres.

    ResponderEliminar
  2. ¿El escrito es de Cari!

    Es maravilloso y es tan cierto. Fue llevar al primero de mis hijos en mi vientre y convertirme en madre universal todo un mismo momento. Comencé a sufrir por todos los chicos, por cada chico. Tan cierto!

    Y qué lindo se lo ve a tu negrito! Un beso enorme para él y para su papá que lo adora y lo acompaña mientras crece.

    Un beso a ambos

    Abrilita

    ResponderEliminar
  3. Ay Raúl!!! que barbara olvido, la verdad que después de leer esto, ya me dieron ganas de pasar una tarde con ustedes dos en la rambla, para emocionarnos al compartir cosas cómo estas, para que me cuenten cómo se hace para ser unos tremendos padres cómo ustedes dos.
    Ya sé lo que me vas a decir...Vane tengo muchos defectos, eso yo lo sé Raúl pero el amor que vos sentís por tu pequeño, y el de olvido por los suyos, es un ejemplo, y si en éste mundo existieran más padres como ustedes definitivamente otra serÍa la situación.

    Te dejo un abrazo Raúl y otro para olvido, voy a pasar por su blog para saludarla

    ResponderEliminar
  4. q certero y puntual lo escrito por Olvido.
    Me sensibiliza enormemente tu amor por tu hijo,será porq sos papá y uno va por la vida reteniendo q el afecto viene más nítido desde una mujer.Me gusta q te pronuncies,así lo hacía mi padre y se q el amor no considera sexos,puede amar una madre o un padre con la misma fuerza,aunq yo siempre sentí q un poco menos ya q era solo mi padre,hoy sé q fue MUCHO mas.
    Bello tu niño.

    ResponderEliminar
  5. Los hijos endulzan las penas, pero hacen más amargas las desgracias; aumentan los cuidados de la vida, pero atenúan el recuerdo de la muerte..
    No es la carne y la sangre sino el corazón lo que nos hace padres e hijos.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  6. A. M. Vermon
    Es verdad que los niños nos hacen más controlables. Aún así, no rebajo mi dignidad (y si lo hago, no dejo que el motivo -por no decir la excusa- sea mi hijo).

    Abril Lech
    Abrilita querida, qué alegría verte aquí nuevamente. El texto no es de Carina (es de Andrés Eloy Blanco).
    No opinaré sobre el contenido (habla por sí solo).
    Qué puedo decirte de mi negro divino? Es un sol

    Vane
    Tienes razón: Olvido es una fenómena... ella sí es una excelente madre (y lo demuestra todos los días).
    Para los extranjeros, aclaro: la rambla es como llamamos los uruguayos a nuestro "malecón"

    dispersa
    Es que en realidad no tiene que ver con el género. Me parece a mí, que ser padre es una de las cosas que siempre quise. Además, desde que me divorcié de su madre, sentí que debía buscar la forma de que sintiera menos dolor del que -naturalmente- sintió.
    Seguramente, tu padre fue MUCHÍSIMO más que "sólo" tu padre

    Alberto
    Otra alegría, reencontrarme contigo aquí.
    Me parece excelente tu apreciación (de las penas y las desgracias). Te diría que además, nos ayudan a buscar fuerzas (cuando ya no las sentimos), para levantarnos de las caídas.
    Y definitivamente coincido con que no es ni la carne ni la sangre lo que nos hace padres e hijos. En el caso de Sebita y de mí, es doblemente cierto, pues soy su papá de corazón (adoptivo) y él lo sabe.

    ResponderEliminar
  7. Hola de visita por tu blog lleno de buenos sentimientos y grandes pensamientos, recibe un afectuoso saludo desde mi rincón!

    ResponderEliminar
  8. premio al gran papa y al hijo, por el padre que tiene, realmente son palabras sabias
    saluditos

    ResponderEliminar
  9. Pain
    Es verdad, es un texto enorme

    El Rincón del Relax
    Gracias por la visita y el comentario, en cuanto pueda pasaré a visitarte

    Juani Lopes
    En realidad es un hermoso obsequio de una madre como pocas... el afortunado soy yo, por el hijo que tengo y los amigos que me miman así.

    ResponderEliminar

manos sobre manos