domingo, 12 de agosto de 2012

EL PRECIO DE LA FAMA

"Históricamente, las clases dominantes, poderosas o acomodadas han mostrado lo que hacen.  Pero esa exhibición tendía a ser modélica. Era el tesminio o el retrato de alguien que se sabía o se creía interesante, digno de ser descrito, pintado, novelado - y, finalmente, imitado. Ahora, la lógica de la democracia mediática es menos la de la clase a ser imitada que la del grupo o el individuo que se muestran o que cuentan su verdad chata -siempre honesta, siempre sincera, siempre sin sentido. Ya ni si quiera creo que exista algún personaje social que se entienda como algo interesante o digno de ser mostrado. la aldea global vive en una especie de micronarcisismo primario, totalmente asimbólico"

Sandino Nuñez (El miedo es el mensaje, Editorial Amuleto, 2008)

Desde hace un tiempo ya, vengo observando que hay algunos "sueños" crecientes que se van extendiendo entre las generaciones futuras. Quizás sea el paso del tiempo y -como decía Belchior- "seguimos siendo los mismos y vivimos como nuestros padres".
El caso es que cuando era un niño, el sueño frecuente ente los varones como yo, era ser crack de fútbol, bombero, policía, chofer o médico. Las niñas -en general- apostaban a ser excelentes amas de casa (cultura machista mediante, claro está), madres abnegadas, maestras, etc.
Hace un par de semanas, en función de la actividad sindical que he retomado, tuve la increíble experiencia de participar en una actividad con niños (familiares de los compañeros laborales), realizando actividades recreativas.
En un momento, intentamos con la otra persona responsables de los niños, incentivarlos para que exhibieran sus dotes creativas y artísticas.
Una niña, la más pequeña (de apenas 4 o 5 años), quiso bailar frente al resto (todos mayores que ella). Tal situación despertó un "juego de roles" entre el resto que me impresionó.
Los niños (el mayor tenía diez años), comenzaron a vociferar "yo soy Pachano", "yo soy Polino", "yo soy Peter", etc.
Un par de días más tarde, se nos ocurrió preguntarles uno por uno, qué soñaban ser cuando llegaran a grandes. La respuesta más repetida fue "quiero ser famoso"... A poco de indagar descubrimos que en su razonamiento, "ser famoso" no implicaba ser como Elton John, Paul Mc. Cartney, Mick Jagger o Nelson Mandela. La "fama" para estos niños implica algo más módico: salir en el programa de Tinelli o en alguno de sus programas aleatorios y autorreferenciales.
No es muy difícil darse cuenta que, si estos niños tienen como modelos a mujeres que se desnudan fácilmente, hombres que pasan a formar parte del paisaje mediático por su caudal económico (u otros por ser guardaespaldas de estos, casi sin neuronas), o personas que hacen poco menos de una causa social un sencillo salto cuasi sexual al que llaman "Koala" u otras que apenas pueden recordar una oración simple, finalizando en una muchachita sin mayores pretensiones que ignora que es objeto de burla, por pretender pronunciar en forma refinada la palabra "champagne" (repitiendo orgullosa algo así como "yeanpein");  esos niños están notando algo muy sencillo: "ser famoso, no es tán difícil".
Cómo pretender entonces que se esfuercen sus estudios, que se preocupen por disfrutar a su familia, que practiquen algo con el objetivo de ser cada día mejores?.
Ellos ven (porque sus adultos se lo permiten, con tal de verlos ellos) que cualquier idiota es capaz de volverse un referente. Lo dicho: NO PUEDE SER TAN DIFÍCIL SER FAMOSO.
Algunos descubrirán (como lo hizo uno) que la fama no es para todos, que -al igual que la gran mayoría- lo más probable es que fracasen.
La pregunta es ¿qué harán estos muchachos? ¿quién y cómo le explicarán que todo fue una fantasía?.
Y si se rebelan contra el sueño fomentado y no cumplido... Qué harán los adultos? Seguir culpándolos por todos los males, sin hacerse cargo de fomentar esta obsesión de "salir en la tele"?
Pedirán que se tomen medidas contra estos inadaptados a la realidad?
Quiero creer que estamos a tiempo, pero -a la vez- pienso: "a tiempo de qué?".
Todos quieren ser famosos, salir en "la tele", tener su cuarto de hora de fama. Nadie se cuestiona que si todos somos famosos, no habrá quién bata las palmas.
Pero vamos acercándonos, peligrosamente, al "vale todo". Con tal de salir en un programa que únicamente tiene "fama" en ambos extremos del Río de la Plata (ese es otro detalle: ya en Río Grande del Sur, es absolutamente nula la permeabilidad de esos productos), somos capaces de hacer como el periodista brasileño que -con tal de tener noticias que mostrar en la tele- salía a cometer crímenes.
Hoy, los delincuentes tienen decenas de repeticiones de sus crímenes en el medio masivo por excelencia, para vanagloriarse con sus pares, gracias a la "fama" que le dan los medios.
Horrible, macrabro, real... y aún puede empeorar



1 comentario:

  1. Y si estimado, 100% de acuerdo contigo.
    Pensaba lo mismo que vos pero simplemente debido a "lo que a mi me parecía", sin embargo tu experiencia empírica es una muy buena forma de concluir que esto es un hecho.
    El programa de Tinelli es la bazofia más grande de la televisión, pero por destrozo. Una mierda (y pido disculpas por usar un lenguaje no habitual en mi), un sinsentido de violencia, sexo, malos ejemplos, faltas de respeto, etc. Sin embargo como la mayoría de la gente de la televisión se beneficia con estas cosas, es que casi ni se critica.

    Desde el punto de vista personal, me dedico a no verlo con mi familia, sin embargo se que mi hija (pequeña en este momento), termina recibiendo estos mismos productos vía compañeros de escuela.

    Es muy dificil, no se cual es la solución, pero no hay que cesar en la búsqueda de la misma.

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