jueves, 10 de diciembre de 2009

MARÍA


 María sentada en la puerta de su casa




Fue hace casi dos meses.
Fue por cuestiones laborales.
Fue lejos de mi casa... lejos de mí... lejos... y sin embargo bien cerca.
Llegué a un lugar, al que no iba hacía más de 20 años (25 si no recuerdo mal).
Allí me encontré con la memoria de mi padre, con la casa en la que creció. Con mi única tía paterna con vida, con olores y sensaciones que creí olvidadas... me encontré con María.  Con "la tía María", como le llamaba de niño (aunque siempre tuve claro que su lazo parental era intricado y lejano). 
María es el símbolo de la ternura, de la austeridad, de la sencillez, del entendimiento.
Representa más edad de la que tiene, producto de una vida llena de dificultades, golpes inesperados, trabajo duro y silencioso.
Sin embargo, no recuerdo haberle visto jamas el ceño fruncido, ni una palabra que apenas rozara a alguien.  Sus ojos claros siempre están ávidos de una conversación, pensando la forma de hacer reír a quién tiene en frente, con una ocurrencia que -de no conocerla- sería impensable.
Siempre fue modesta su vivienda. Siempre fue poco su ingreso. Nunca se queja. Acepta de la vida lo que la vida le da, y aún así no se entrega. Busca la forma de que no le falte nada. Se gana su pan con su trabajo, y si la paga es poca... se esmera en tratar de que esa paga rinda hasta la próxima, y redobla su esfuerzo para mejorarla mientras tanto.

Llegué un viernes por la tarde a Treinta y Tres (al este del Uruguay) y el sábado fui de sorpresa a su casa. No estaba, pero la puerta estaba abierta de par en par. Tuve que preguntar por ella en un cuartel cercano, y así llegué hasta un pequeño comercio a 50 metros de su casa. Allí la encontré.
Quise gastarle una broma, pero ella (siempre un paso delante) provocó que yo siguiera hablando, hasta que en un momento me dijo: "cambiaste mucho, pero tu voz sigue siendo la misma". En ese instante nos encontramos en un abrazo y salimos caminando, como en otro mundo, mirándonos, hablando: "te preparo un mate como cuando eras chico"; "si, dale me encantó"; "¿te quedás a cenar?"; "hoy no María, pero te prometo que mañana almorzamos en tu casa"; "¿cómo está tu madre?"; "¿cómo está tu hijo?"... nos encontró la noche, sentados en la puerta de su humilde casa, charlando, recordando, trayendo el pasado una y otra vez al presente, analizando el presente de cara al porvenir... "te voy a presentar a mi nieta"; "mirá las fotos de mi hijo".
Al otro día, llegué sobre el mediodía. "Ya creí que no venías, m'ijito"; "¿cómo no voy a venir si te lo prometí?". Tomamos una sopa (prácticamente su único alimento desde hace muchísimo tiempo), comimos, charlamos nuevamente.
Por la noche debía seguir camino, así que fui a despedirme. Ya se había acostado, pero me gritó desde adentro que se levantaba.
Se levantó, charlamos un poquito más. Entre las pequeñas arrugas que quedan entre cada ojo y la nariz pude notar un poco de humedad, que ella trató de disimular.
"Ya es tarde María, me tengo que ir y vos tenés que dormir"
Nos abrazamos... qué decir? Esos abrazos que uno no sabe que necesita hasta que los disfruta nuevamente.
Prometí que iría con mi hijo... prometió que vendría a Montevideo.
Prometimos llamarnos... algo hemos cumplido...
No sé si es posible transmitir tantas emociones, que (ahora que las relato) vuelven y vuelven.
No leerá esto, pero yo quería contarlo igual
Ella es "la tía María". 






Uno de los abrazos más disfrutados del viaje

4 comentarios:

  1. Que lindo relato Raúl, que lindos recuerdos.Estaría bueno que le hagas llegar esto aunque mas no sea por correo, creo que se emocionaría mucho.

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  2. Se me llenaron los ojos de lágrimas con tu relato, Raúl. Las personas como la tía María son imprescindibles; pobres aquellos que no tienen esos ejemplos de dignidad y ternura en sus vidas.

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  3. La sensibilidad, un regalo de Dios.
    Ella, la simplicidad, lo mejor de la vida.
    MUY BELLO POST.
    Cariños para ti.
    mar

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  4. Tiempo sin pasar por estas tierras ... y como siempre salgo con una nueva lección de sentimientos reflejados en palabras...
    "Tia Maria", la sombra de lo etereo y la ternura.
    Ojalà se repita ese encuentro!!!
    beso enorme

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