miércoles, 2 de diciembre de 2009

DE GUERRILLERO A PRESIDENTE (Marcelo Estefanell)

Hace 37 años el Uruguay vivía en Estado de Guerra. En aquéllos tiempos los guerrilleros éramos atrapados como moscas cada día y, cuando no, huíamos al exilio o nos tocaba la muerte. La tortura generalizada se imponía en los cuarteles y los compañeros más lúcidos comenzaron a vislumbrar la derrota. Por entonces, el hoy elegido presidente de todos los orientales, era un fogueado guerrillero y, por si fuera poco, mi jefe. Recuerdo con nitidez asombrosa los criterios que me trasmitió a los pocos minutos de conocernos en la clandestinidad y en el medio de la debacle: 1) no entrar más a nuestros locales puesto que ya no había vivienda segura; 2) procurarse cada uno una frazada y un nailon tubular para pernoctar en los pequeños montes que existían en los alrededores de Montevideo; 3) enterrar esos elementos y no confiar a nadie dónde lo habíamos dejado; 4) por último, nunca dormir dos noches seguidas en el mismo sitio.

Con esos criterios vigentes nos convertimos en trashumantes; en los bolsillos de mis abrigos se fueron acumulando elementos de higiene, desde un antisudoral hasta una máquina de afeitar descartable, desde una barrita de jabón hasta un cepillo de dientes. Por otra parte, teníamos que agudizar el ingenio para poder conseguir ducharnos sin correr mayores riesgos.

Desde mis 21 años de edad —y pese a que él no tenía más que 35 años— para mi el Pepe Mujica era "el Viejo": una especie de don Quijote enancado a una bicicleta; vestía pantalones burdos y se abrigaba con un gabán grueso; se cubría la cabeza con una boina vasca y llevaba un bolso de lona terciado a la espalda.

Más de una noche helada de julio compartimos en el monte un salchichón cortado en rebanadas y unas galletas con grasa mientras intentábamos administrar el desastre y tratábamos de comprender la dura situación política y militar en la que estábamos inmersos.

Antes de dormir, combatíamos el frío con un buen trago de grapa.

Uno descansaba mientras que el otro velaba el sueño y las armas.

Así intercambiábamos los papeles de escudero y de caballero entre las nueve de la noche y las dos de la mañana, y desde las dos hasta que en el horizonte comenzaba a despuntar el alba. Luego, cada uno se internaba en la ciudad para realizar sus tareas esquivando patrullas y redadas.

Sí parece mentira, han pasado 37 años y aquél caballero andante montado en bicicleta hoy es el presidente de todos los uruguayos, es mi presidente y, desde que aquellas noches clandestinas, es mi hermano.

Los tiempos de tortura, cárcel y muerte han quedado atrás hace mucho tiempo, arrumbados junto con nuestros viejos errores mayúsculos y con nuestros desastres pretéritos. Solo pervivió el afán de luchar por una sociedad más justa aceptando las reglas de juego de la democracia luego del fracaso de la dictadura y la recuperación de la libertad tan ansiada.

Ha sido un camino largo, sin duda, y lleno de enseñanzas. Cuando "el Viejo" Mujica entró al parlamento como diputado, en 1995, comenzaba otra etapa de su vida que nadie imaginó como el principio de un proceso que iba a culminar en la máxima magistratura. Ese día, este Quijote moderno, empezó a hacerse conocido por su sencillez en el hablar, por su sempiterna campera y por su nuevo Rocinante: en lugar de la bicicleta una antigua Vespa.

Pasó esa legislatura y en el siguiente período fue electo senador de la República, uno entre tantos, pero cada año que pasaba conquistaba más respeto y más apoyo popular. En el 2004 logró nuevamente la banca al senado, pero esta vez como el más votado de todo el espectro político; de tal suerte que estuvo en sus manos tomarle el juramento a todos sus pares, ya sean de derecha, de izquierda o de centro.

Y esta noche, 29 de noviembre de 2009, con los datos del balotaje a la vista, constato la última quijotada: el "Viejo Pepe" es nuestro Presidente.

Como le sucedió a Sancho Panza, sé que muchos no dan dos cobres por su capacidad de gobernar y por su aspecto informal como si se llevara mal con la ropa planchada; sin embargo, si de algo estoy seguro, es que gobernará con la misma sapiencia y con el mismo sentido común que lo hizo en la ínsula de Barataria el escudero del Caballero de la Triste Figura.

De nada vale que los retrógrados de hoy y de siempre, cuestionen al sistema porque hoy un antiguo guerrillero llega a presidir nuestro destino siguiendo las reglas de juego constitucionales, como si fuera una debilidad del régimen vigente. No se de dan cuenta, precisamente, de que allí radica la fortaleza de la democracia.

El Pepe Mujica puede espolear a Rocinante de nuevo y salir por los caminos a proteger a los huérfanos, a los indigentes y a las viudas indefensas; puede seguir alimentando sueños generosos para convertir este pequeño país en un ejemplo de libertad, de producción, de conocimiento y de tolerancia. Tiene la sabiduría de un viejo zorro, el olfato de un sabueso, la piel curtida luego de tantos fracasos. Y, lo que es más importante, tiene a una fuerza política atrás y a un pueblo que lo apoya.

Sí, parece mentira, han pasado 37 años y el Pepe es presidente de todos los orientales.

La vida tiene vueltas muy extrañas y, en este caso, ciertas singularidades que invitan a reflexionar detenidamente. Quizás llegó la hora de la reconciliación verdadera. Quizás llegó el momento de pedir disculpas por las vícitimas inocentes que causamos con nuestro accionar de antaño.

Sin duda mañana comienza otra etapa y las tareas que le aguardan al “Viejo” Pepe —y a su equipo— son extremadamente complejas. Ya se ha hecho camino pero queda por demostrar que salir del subdesarrollo es posible. Las ideas están claras, su implementación es todo un desafío.

Sí parece mentira, hace muchos años compartimos montes, clandestinidad, tortura y cárcel. Y hoy, gracias al destino que nos tocó en suerte, podemos vivirlo y, sobre todo, podemos contarlo. Esto no es poca cosa. Usando palabras de nuestro nuevo presidente: “¿Querés más? Más es lujo”.


Artículo tomado del Portal 180
Marcelo Estafenell nació en Paysandú, en 1950. Mientras cursaba tercer año de Facultad de Veterinaria en Montevideo (1972) fue detenido por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros. Su mayor refugio durante esos años de encierro fue la lectura (llegó a leer unos 1600 títulos), y su gran pasión fue desde entonces: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Fue liberado en 1985, época en que retomó sus estudios universitarios y comenzó a trabajar como diseñador gráfico. Se especializó en redes informáticas y comunicaciones. Desde enero de 1991 es Editor Gráfico, Administrador de Redes y Jefe de Sistemas del semanario Búsqueda. Es autor de Don Quijote a la cancha (2003) y El retorno de Don Quijote, Caballero de los Galgos, obra premiada con el Bartolomé Hidalgo en 2005. Por último publicó “El hombre numerado” en 2007, donde relata sus memorias carcelarias. Obra de la que se realizaron 7 ediciones.

5 comentarios:

  1. Hola Raúl:
    Pasaba a saludarte después de la "quedada" en el Bacacay y a agradecerte este posteo con las palabras de Marcelo, del que fui compañero en Veterinaria.Tenía el bulín a 10 metros del mío. Lo recuerdo muy rubio y muy apolíneo. Sí, claro, para él esto del Pepe presidente debe ser muy pero muy fuerte.
    Cuánta gente con huevos conocí... a mí no me dio la nafta...
    Me gustó lo de la ínsula Barataria.

    Un abrazo
    Santi

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  2. ando por los blogs de los orientales frente felicitandolos como pueblo
    admiracion, saludos.

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  3. Bueno Santi, qué alegría contar contigo por acá.
    Leí el libro EL HOMBRE NUMERADO de Marcelo y me pareció absolutamente necesario, para entender cabalmente lo que pasaron los presos políticos en nuestro país.
    Respecto a las actitudes en esa época, llegué a la conclusión con lo que he leído (te recuerdo que nací en el 70), creo que los únicos que pueden decir "no me dio la nafta", son los que permacecieron indiferentes... y no me parece que haya sido tu actitud.
    Lamento haberme ido tan intempestivamente del Bacacay, otro día te contaré. Saludos a Bea.

    Gracias lala por pasar por acá a felicitar. Estoy feliz (como habrás notado) ya que desandar lo conseguido por el gobierno frentista sería -para mi al menos- retroceder como nación. Un beso.

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  4. Leí el Hombre numerado, muy bueno. Lo que no entiendo (porque no quiero decir que no comparto porque tal vez no entendí bien), es la reconciliación y pedir perdón. Reconciliarse con quien?

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  5. Sería una excelente pregunta para Marcelo, myriam. Supongo que habla de reconciliarse con parte de la sociedad, que sigue viendo con malos ojos el camino que emprendieron al tomar las armas. Pero la verdad es que habría que consultarlo.

    Quiero compartir un mail que me envió el propio Marcelo Estefanell a mi correo particular:
    Raúl, unos amigos me enviaron el link con tu blog. Así pues, quería agradecerte la difusión del texto que publiqué en 180.com.
    Por otra parte, sospecho quién es el personaje que firma como Santi, a quién aprecio mucho.
    Un abrazo

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