lunes, 22 de junio de 2009

EL POST QUE NO FUE (Y ESTE QUE SÍ)

... de repente sentí que debía contar algo. Algo sobre mí.
En realidad sólo quería presentarles mi "nuevo rostro" producto del cambio de mis lentes.
Y cuando quise acordar me encontré con una serie de elucubraciones bastante más profundas (y escabrosas) que un simple adminículo que -al menos en mi caso- cumple una función médica.

Pero no. Así son las cosas.
Acabo de volver de mis múltiples actividades (trabajo de oficina con horario hiperextenso, clase de griego con exámen incluído y nuevamente trabajo, pero personal... currito, bah).

El caso es que los motivos que me llevaron a anunciarles el silencio momentáneo (y vaya si fue momentáneo) me llevaron a no disponer de tiempo ni concentración suficiente para repasar lo indispensable del curso de griego. Convengamos (y aclaremos) que tampoco se trataba de ÉL test. Era algo bastante accesible, sobre todo si se prestaba -durante las clases- la atención debida al excelente profesor (que, por otra parte, lograba merced a sus cualidades propias, concentrar la atención plena del grupo).

Todo esto me llevó a pensar en la pasión que le pongo a las cosas.

A veces puede parecer desmedida, pero honestamente me doy cuenta que no sé vivir sin pasión.

Es maravilloso llegar agotado físicamente al hogar, pero con el corazón, la cabeza, el alma y las manos llenas de anécdotas, vivencias, y todo lo que hace al paso del ser humano en el mundo.

Quizás alguien pueda simplemente ir de su casa al trabajo y viceversa. Créanme que no lo juzgo. Es más, hay momentos en que desearía ser así. Pero no puedo. Ya una vez me lo impuse y las cosas no terminaron bien.

Necesito saber que mi vida, mi cerebro, mi alma, mi ser están despiertos, atentos, vivos. Y no puedo detenerme.

Aclaremos: tampoco estoy hablando de situaciones extremas ni nada excesivo. Sólo digo que me gusta aprender, estar en contacto con quién me cuestiona y me hacer razonar más de una vez las cosas, encontrar pequeños retos que van construyendo una hilera de obstáculos que -a fuerza de superarlos- me hacen crecer.

Cuando llega el final del día, siempre me hago la misma promesa: mañana me acuesto más temprano, tengo que descansar más... y sin embargo.

Pero tengo la alegría de saber, que si esa noche es la última de mi vida y a la mañana siguiente no despierto, se podrá decir de mí que viví con pasión.

Quizás nadie lo notó. Y lo mejor es que no me importa.

2 comentarios:

  1. solo diré, que no se te vaya la mano en esto de las actividades, hay que tener tiempo para los demás a veces, o uno termina qued´sndose solo.

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  2. Kolo, demoro en contestarte, peeeeero ACÁ ESTOY. Como se puede ver, no importa lo que uno haga o no haga. Lo que no nace, no nace.
    Ahora hago tiempo para quién me importa y...
    Acá sigue sin aparecer medio comentario, en cambio, otros sitios gozan de ese "privilegio" que yo no.
    Creo que todo va quedando claro.
    Beso

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