lunes, 13 de octubre de 2008

AMIGO MÍO


Amigo mío... yo no soy lo que parezco. Mi aspecto exterior no es sino un traje que llevo puesto; un traje hecho cuidadosamente, que me proteje de tus preguntas, ya a tí, de mi negligencia.
El "yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá para siempre, inadvertido, inabordable.
No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido, y mis hechos son tus propias esperanzas en acción.
Cuando dices: "El viento sopla hacia el oriente", digo: "Si, siempre sopla hacia el oriente"; pues no quiero que sepas entonces que mi mente no mora en el viento, sino en el mar.
No puedes comprender mis navegantes pensamietnos, ni me interesa que los comprendas. Prefiero estar a solas en el mar.
Cuando es de día para tí, amigo mío, es de noche para mí; sin embargo, todavía entonces hablo de la luz del día que danza en las montañas, y de la sombra purpúrea que se abre paso por el valle; pues no puedes oír las canciones de mi oscuridad, ni puedes ver mis alas que se agitan contra las estrellas, y no me interesa que oigas ni que veas lo que pasa en mí; prefiero estar a solas con la noche.
Cuando tú subes a tu Cielo yo desciendo a mi infierno. Y aún entonces me llamas a través del golfo infranqueable que nos separa: "¡Compañero! ¡Camarada!" Y te contesto: "¡Compañero! ¡Camarada!", porque no quiero que veas mi Infierno. Las llamas te cegarían, y el humo te ahogaría. Y me gusta mi Infierno; lo amo al grado de no dejar que lo visites. Prefiero estar solo en mi Infierno.
Tu amas la Verdad, la Belleza y lo Justo, y yo, por complacerte, digo que está bien, y simulo amar estas cosas. Pero en el fondo de mi corazón me río de tu amor por estas entidades. Sin embargo, no te dejo ver mi risa; prefiero reír a solas.
Amigo mío, eres bueno, discreto y sensato; es más: eres perfecto. Y yo, a mi vez, hablo contigo con sensatez y discreción, pero... estoy loco. Sólo que enmascaro mi locura. Prefiero estar loco, a solas.
Amigo mío, tú no eres mi amigo. Pero, ¿cómo hacer que lo comprendas? Mi senda no es tu senda y, sin embargo, caminamos juntos, tomados de la mano.


Fragmento del libro EL LOCO de Gibrán Kalil Gibrán (1918)

4 comentarios:

  1. Solamente quienes estamos locos podemos comprender la locura ajena, la cordura propia y volar con otros tantos locos por estos cielos cuando queremos y reptar solos por el infierno cuando merece. Menos mal que últimamente hemos estado complementando cordura y locura de forma sistemática. Te imaginás nuestra sola intransferible e indiscutible locura personal... por partida doble?????

    ResponderEliminar
  2. Que buen texto, me encantó.

    Es sincero y a la vez disfraza sentimientos para no herir a alguien que quiere, me pregunto...¿es bueno eso?, mientras encuentro la respuesta sigo disfrutando de mi locura, y entendiendo la ajena como bien dijo killia.

    Un saludo!!

    ResponderEliminar
  3. Nunca el todo puede ser abarcado, jamás los contrarios pueden ser vividos a la vez y sin embargo mucho se puede conocer, pero nunca lo sabremos todo.
    Es la limitación humana y al mismo tiempo su ilimitado poder.
    Incomprensiblemente así es la grandeza del hombre.

    Besos grandes amigo Raúl.

    ResponderEliminar
  4. killia
    Amiga, comparto plenamente contigo (qué descubrimiento!!!).
    Realmente sería caótico para el universo si no tuvieramos ese "acuerdo no escrito" de ser espejos mutuos de la locura de uno con la cordura del otro (como Alicia, algo así)

    Vane
    No sé si sea bueno... se me ocurre que a veces es necesario

    maría
    Qué bueno eso de "la limitación humana y su ilimitado poder"... me gustó muchísimo

    ResponderEliminar

manos sobre manos